El escritor Eduardo Galeano apuntó varias de sus denominaciones en el mítico libro El fútbol a sol y sombra. Arqueros, guardametas, cancerberos, goleros, porteros... Da igual con qué nombre los designemos, seguro que todos coincidimos en que son tipos con un punto raro, ¿verdad? Llevan una camiseta de distinto color y encima sueñan con que un triste cero luzca para siempre en el marcador. Definitivamente, son gente extraña, una especie aparte, una demarcación solitaria y nostálgica, un puesto difícil de ubicar entre los tópicos de futbolistas.
La web de Kacike nos pregunta por el mejor portero de la Liga durante las últimas tres décadas. Y yo, siempre a la contra, no me resisto a comentar los candidatos propuestos y el resultado de vuestros votos a estos ángeles custodios... y a algún que otro demonio.
Cómo ser un mito con sólo 27 años
Temporada 97/98. El Real Madrid viaja a Noruega para enfrentarse al Rosenborg en partido de Champions League con la baja de dos de sus tres porteros: Illgner y Contreras. Aunque el puesto de titular sería cubierto por Cañizares, el entrenador Jupp Heynckes tuvo que recurrir al guardameta del equipo juvenil para completar la convocatoria. La llamada de urgencia le sorprendió en el Instituto El Cañaveral de Móstoles, donde este chico de 16 años asistía a una de las clases matinales ajeno al revuelo que se había montado en la Ciudad Deportiva. Pero su gesto cambió cuando el director del centro entró en el aula para avisarle de que debía coger un taxi al aeropuerto e incorporarse allí mismo a la expedición merengue que partía a Noruega. Ese día, aquel niño empezó a escribir un envidiable curriculum deportivo que a buen seguro crecerá más aún en los próximos años: cuatro Ligas, dos Champions Leagues, portero con más partidos jugados en la historia del Real Madrid, más de 90 veces internacional con la Selección, y por supuesto, la deliciosa e inolvidable Eurocopa que levantó este verano en Viena para provocar el éxtasis de todo un país. Iker Casillas, una leyenda que aún no ha cumplido los 30 años. ¿Quién da más?
No pasa nada, tenemos a Arconada
Principios de la década de los 80. Contra todo pronóstico, la Real Sociedad se hizo dominadora del fútbol español gracias a un equipo sólido y muy competitivo. No faltaban jugadores de talento, como Zamora o López Ufarte, pero el éxito de aquel grupo dirigido por Alberto Ormaetxea se cimentaba sobre todo en su defensa, una línea de zagueros casi inquebrantable, liderada por un guardameta carismático y de grandes reflejos. Luis Miguel Arconada fue el dueño indiscutible de la portería donostiarra durante 15 años, nada menos que tres lustros cerrando el paso a otros grandes guardametas como Artola, Urruticoechea, Biurrun o Elduayen, quienes tuvieron que emigrar y labrarse su futuro lejos de Atocha. Cuando las cosas no iban bien, la afición txuri urdin se encomendaba a su talismán con el célebre cántico No pasa nada, tenemos a Arconada, mientras los niños de toda España soñaban con un jersey azul celeste y negro con el número 1 a la espalda para emular a su ídolo. Pero la historia no ha sido justa con un portero excepcional al que muchos recuerdan más por una pifia inoportuna que por sus espectaculares estiradas. Por ello, cuando Andrés Palop celebró el triunfo en la Eurocopa ’08 ataviado con la misma camiseta por la que se escurrió aquel disparo de Platini, fuimos muchos los que hicimos nuestro ese homenaje y nos emocionamos viendo al propio Arconada subir a recoger el trofeo que la insólita providencia le negó 24 años antes.
A la sombra de El Chopo
San Mamés, La Catedral, algo más que un estadio de fútbol, un recinto histórico donde palpitan el orgullo, la tradición y los recuerdos. Defender la portería del Athletic de Bilbao no ha sido nunca tarea fácil, sobre todo cuando la grada aún mantiene en su retina las legendarias estiradas de Blasco, Lezama, Carmelo y, sobre todo, José Ángel Iribar, El Chopo, posiblemente el mejor guardameta español de todos los tiempos. Este clima de exigencia no pareció afectar al joven y atrevido entrenador de Los Leones, que allá por 1981, brindó la alternativa bajo el marco a un muchacho larguilucho y bisoño que aún no alcanzaba la veintena. El osado director deportivo se llamaba Javier Clemente, y su apuesta ganadora era nada menos que Andoni Zubizarreta, el hombre récord de nuestro balompié. Visitó las camisetas de su Athletic, del Barça y del Valencia, con los que levantó seis Ligas, tres Copas del Rey, una Copa de Europa, una Recopa y una Supercopa. Con la Selección, 126 entorchados internacionales, cuatro presencias Campeonatos del Mundo y dos en la Eurocopa. Portero sobrio, completo, de gran planta, sin estridencias, su larga y envidiable trayectoria siempre ha venido marcada por la influencia de su predecesor en el Olimpo de los cancerberos rojiblancos. Como confesó el propio Zubizarreta, “cuando empecé en el Athletic, sintonicé con Iribar, que era mi ídolo. Me ayudó porque a veces tienes problemas a la hora de interpretar el juego. Dudas. A lo mejor ves un balón claro y, sin embargo, no vas. Iribar me decía: Oye, que has estado bien... Oye, que te estás conformando y podrías haber hecho más. [...] En los córners me parece que te estás colocando un poco para adelante. A lo mejor, si lo esperas más cerrado... Pero el juego lo ves tú. Su última frase siempre era ésa: Pero el juego lo ves tú”.
Entre escorpiones e inocentadas
Aunque un tanto eclipsados por los anteriores, la Selección Española contó en estos años con otros extraordinarios porteros como Miguel Ángel, Urruti, Buyo, Ablanedo, Ochotorena, Abel, Molina o Cañizares, por citar sólo algunos ejemplos. Si de extranjeros hablamos, nuestra Liga disfrutó durante esta época de algunos de los guardametas más importantes del panorama internacional, como N’Kono, Dassaev, Chilavert o Ezaki Badou. ¡Por no hablar de ilustres campeones del mundo como Fillol, Illgner o Pumpido! Ante semejante nómina de portentosos arqueros, hay que reconocer que suena un tanto frívola la propuesta de René Higuita en el cuarteto de candidatos que propone la encuesta.
Para empezar, el rijoso cancerbero colombiano lo que realmente ambicionaba era jugar de líbero, vanidad consentida y alentada por Pacho Maturana, su entrenador y máximo valedor en Atlético Nacional de Medellín, Real Valladolid y Selección de Colombia. Fue precisamente con la camiseta de su país cuando realizó la jugada que le granjeó una popularidad a todas luces excesiva. Aquel inofensivo centro-chut de Redknapp en un amistoso ante Inglaterra le sirvió para ejecutar un absurdo brinco que fue bautizado como el escorpión, una acrobacia fatua que algunos ignorantes llegaron a calificar con osadía como la mejor jugada de la historia del fútbol. Pero la gran suerte de Higuita es que mientras la mayor parte de los (malos) aficionados evocan aquella cabriola que profanó el templo de Wembley, otros pocos aún rememoramos con tristes su bochornosa cantada en el partido de octavos de final del Mundial de Italia. Esa intervención no fue un fallo más entre los muchos que han cometido incluso los mejores porteros de la historia. Aquel error fue fruto de la soberbia, un pecado capital que le costó a su equipo la eliminación en un campeonato donde estaban llamados a ocupar uno de los puestos de honor. Porque quienes no olvidan las excentricidades de Higuita son precisamente las aficiones que las sufrieron. Entre ellas, la estoica hinchada pucelana, que sólo se atreve a sacar del armario este fantasma para gastar alguna que otra inocentada.
Los porteros no solo se encuentran en la portería de un campo de fútbol, sino que tambiñen los hay por ejemplo en un casino en español, incluso en los casinos online. Ellos no le ayudarán a jugar al black jack pero conocer antes las blackjack reglas si que le ayudará a poder jugar mejor.